chica esta noche, en todo el mundo; en el hotel
no la dejarian entrar, y además ella no vendría
tampoco; me doy cuenta de que no soy sino un
viejo perdido de 34 años y que nadie quiere
acostarse conmigo, un vagabundo de skid row
lleno de vino hasta los dientes, con blue jeans
y vieja ropa sucia, ¿a quien va importarle? (...)
Ya he tenido en la vida dos esposas: a una la
despaché y huí de la otra, y cientos de amantes,
cada una de ellas traicionada o aprovechada
por mí de alguna manera, cuando era joven ,
de abierto rostro y cuando no me avergonzaba
solicitar. Ahora miro el espejo de mi cara enfadada
y es repugnante. Tenemos sexo en nuestros
costados y vagamos bajo las estrellas sobre duros
senderos, pavimentos y cristales rotos que no
pueden recibir nuestra suave presión , nuestra
suave compasión. Caras inexpresivas en todas
partes, sin hogar, sin amor, por el mundo, sórdidas,
callejas de la noche, masturbación (un viejo de 60
años al que ví una vez masturbarse durante dos
horas enteras en su cuarto del Hotel Mills de Nueva York)
(No había nada ... sino papel ... y dolor).
(*)
Este pequeño fragmento lo transcribí del libro de Jack Kerouac,
Angeles de Desolación, el mismo que no termino de leérlo... fascinante ...
Pags. 130-131 / ISBN 84-217-4127-

