domingo, 5 de diciembre de 2010

Licores seminales (*)

¡Cualquier Pub del mundo!, ningún hombrezuelo, cualquier mujerzuela al amparo de una sala de despilfarro, y a altas horas de la madrugada, su cuerpo se había convertido en una coctelera, que mezclaba alcohol, cocaína y semen. Ajena totalmente a todo. Su belleza infantil acentuaba el sentimiento de compasión, que despertaba su tez pálida, su maquillaje corrido y sus labios desgastados, por los excesos. Perdida como solo ella, una mañuda corrida mas en la jungla de asfalto. Bajaba las escaleras, de la llamada zona VIP, reservada, a esas horas del alba, a esnifadores incontinentes y a adictos a relaciones vampíricas y sadomasoquistas; con las piernas vacilantes y exageradamente abiertas, buscando mantener el equilibrio, mientras sus medias satinadas se deslizaban por sus pantorrillas, mojadas en orín. Se agarraba a un enorme bolso de charol, que parecía llevarle a ella, mientras su mirada perdida la situaba, en un redefinido limbo. Negaba toda idea predeterminada sobre la belleza, detestaba que la llamen hermosa, aunque ella sabia que lo era. Se sentía perdida en la abstracción de la observación. Ese lugar en el que ni se sufre, ni se goza, y en el que uno se mantiene como un bobo eterno, por efecto de las drogas. Minutos antes, y después de incendiar la mente y la vagina de la niña, el pirómano, entrado en años, había abandonado el local, no sin antes recrearse, bajando la escalinata, con ese aire de torero triunfador, que realiza el paseíllo, erguido y receptivo al aplauso, después de culminar su faena. La había abandonado a su suerte, con esa mentalidad de usar y tirar, que algunos aplican a las personas, con orgullo y sin sombra de remordimiento.
M. Ritz



(*)
De entradita me fascina la fotografia. La traducción del cartel de protesta de las hermosas féminas sería algo así como:
"labios que toquen licor no nos tocaran a nosotras"
¡Exelente!

Relato corto (*)

Esto me ocurrió en el verano pasado. El verano, una estación en la que el calor nos permite expansionarnos más y mejor. Un caluroso mediodía yo había decidido ir a almorzar a un restaurante, no muy céntrico, pero acogedor y simpático. Lo había conocido una semana antes, cuando uno de los chicos que cogían conmigo me había invitado a cenar allí. Y me gustó: la sala del comedor era más o menos pequeña, con paneles de madera en las paredes, con cuadros que representan viejas cantinas europeas, con mesas cubiertas con manteles de tela escocesa con mucho marrón y rojo. Un gusto. Ese mediodía me iba a dar la gran fiesta, comiendo yo solita, sin compañía, un buen bife, algún otro plato caliente, postre y café. Y todo acompañado por un vinito espeso, bien tinto, y a temperatura ambiente. Me senté en una de las mesas del fondo, bastante cerca de la caja registradora pero más cerca aún de la ventanita por donde pasaban la comida desde la cocina. Pedí un vino, y un bife de buen tamaño. Mientras esperaba, vi que desde la cocina me miraban con deseo los dos muchachos que hacían las comidas. Yo iba vestida más o menos como siempre, con una camisa rosada, por supuesto sin corpiño (mis 21 años me permiten ignorar por el momento esa incómoda prenda tan poco práctica). Llevaba una faldita negra, mini pero no demasiado, aunque al sentarme se levantaba hasta medio muslo. Sobre todo uno de los cocineros me devoraba con la vista. Yo le devolví la mirada, y, mirándolo siempre, me desprendí un botón de la camisa, de modo que se empezaron a ver los nacimientos de mis pechos, y sé que un poco más que el nacimiento. Él se estremeció, y se fue rápidamente para adentro, supuse que para prepararme el bife. Cuando el mozo me lo sirvió, noté que era un bife precioso, bañado en una especie de salsita desconocida, y con papitas fritas al costado. Cuando lo empecé a cortar y a comer, el cocinerito no sacaba los ojos de mí, y yo entonces me puse a masticar con fruición cada trocito de mi riquísimo bife. Y era cierto: el bife tenía un no sé qué que me hechizaba, y me despertaba los ratones con ese cocinerito que me vigilaba de manera tan manifiesta. Cuando terminé el bife, pedí unos tallarines con crema. Desde la ventanita de la cocina, ahora era el otro muchacho cocinero el que me vigilaba cuando el mozo me sirvió ese segundo plato. Los tallarines estaban riquísimos, y la crema tenía un sabor delicioso, especial. Los espolvoreé con mucho queso, y me los fui comiendo despacito, tenedor tras tenedor, y a cada bocado el cocinerito segundo se extasiaba mirándome comer. Después de la comida, pedí un flan con crema chantilly, y le pedí al mozo una ración especial de crema. Cuando me lo sirvió, observé que la crema era mucho más vaporosa, hasta con cierta espuma, y que tenía como dos texturas distintas, bien integradas pero dejando ver algunos ríos de crema diferente, en medio de la chantilly. Esta vez el que se quedó mirándome comer fue el mozo, que al ratito le dio apuro de mirarme tan de cerca y se fue a la cocina, desde donde siguió vigilándome por la ventanita consabida. Cuando terminé el exquisito flan con la mucho más exquisita crema, pedí un cafecito. Me sirvieron un pocillo de los grandecitos, con un café aromático y que no tenía ninguna característica especial. Ahora el que me vigilaba mientras yo bebía mi café era el joven de la caja, y parecía deleitarse con cada sorbo mío de la negra bebida. Llamé al mozo, y le pedí la cuenta. Al momento vino con la cuenta, pero también me trajo un papelito. Éste decía: “¡Hola! Soy el cocinero que le hizo el bife. Le cuento que todos estamos hechizados con su belleza, y quisiéramos encontrarnos con usted. Salgo de trabajar a las 3 de la tarde aproximadamente. ¿Podemos vernos?” Saqué otro papelito de mi cartera, y escribí: “Encantada. Me llamo Romina, y mi celular es… (aquí puse mi número de teléfono celular). Voy a estar esperando tu llamado. Estoy a tu disposición”. Le entregué el papelito al mozo, pagué y me fui. Caminé despacito hacia la salida, para dejarlos mirarme todo lo que quisieran. Me fui a mi departamento. Me duché, y me puse una colonia fresca en todo el cuerpo, especialmente en la conchita. Y me acosté en mi cama, desnuda y muy relajada. Eran las 2 de la tarde, pasadas. Dormité un poco. Y a las 3 y pocos minutos sonó mi celular. Era el cocinerito número 1. Me dijo que se llamaba Eugenio, pero que los compañeros lo llamaban Genio, para abreviar su nombre pero también porque lo admiraban por las cosas ingeniosas que se le ocurrían (¡y vaya que eran lindas las cosas que se le ocurrían!). Le dije que viniera, le di la dirección y añadí que lo estaba esperando. Me pidió unos minutos para pasar por su casa y cambiarse. Esperé más o menos media hora. Cuando tocó el timbre del departamento, le fui a abrir desnuda. Se quedó mudo de asombro, y cuando entró me quiso abrazar así, todavía vestido. Me negué, y le dije que antes se desnudara. No se hizo rogar, y en un minuto los dos estábamos totalmente desnudos. Ahí sí me dejé abrazar, me acarició las tetas y me puso después las manos en mis nalgas. Y yo le toqué las bolas y la pija, que ya tenía bien dura. Y me desprendí de su abrazo para besarle el pecho, con bastante poco pelo, todavía era un pibe. Y del pecho bajé a su vientre, y de allí directamente a su pija. Me la metí en la boca, y la chupé con toda mi sabiduría felatoria: le pasé mi lengua por la punta y la fui pasando por todo el tronco de su pija, y mientras tanto me la metía y me la sacaba de la boca, para provocarle una acabada. Al ratito nomás me acabó en la boca, una leche tibia, riquísima, que me tragué toda y todavía le limpié con la lengua la que la había quedado en la pija cuando me la sacó de la boca. Fue mi primera acabada de esa tarde. Ahí nos fuimos a la cama, y me abrí bien de piernas, y él, que venía de una flor de acabada, procuró reponerse dedicándose a lamerme la conchita. Me metió la cabeza entre los muslos, y empezó, también él con gran sabiduría, a hacerme una mineta flor y flor, lamiéndome toda la zona exterior a la concha, lamiéndome y chupándome después los labios mayores, y metiendo después su lengua hacia los labios menores y el clítoris. Por supuesto, acabé, y ésa fue mi segunda acabada de la tarde. Nos quedamos un rato los dos acostados, uno al lado del otro y sin hablar. Por suerte, Genio no fuma, y como yo tampoco lo hago, la cosa fue tranquila. Al rato, yo me levanté y me fui a la cocina a preparar café. Ya el café estaba preparado cuando él se apareció en la cocina, y estaba otra vez con la pija parada. Tomamos un trago de café cada uno, y me arrastró de nuevo a la pieza. Me tiró con decisión pero con amor en la cama, y se me puso encima. Fue una cogida genial, espectacular. No sé de dónde tenía tánta leche. Pero me llenó la concha. Y esa fue mi tercera acabada de esa tarde. Eran ya como las 5 de la tarde, y me dijo si podía dormir un ratito, porque entraba otra vez al restaurante a las 7, y no quería desperdiciar ni un ratito de estar conmigo. Lo desperté a las 6 y media, y lo despedí con otra chupada de pija, esta vez con muy poca leche, pero que me provocó la cuarta acabada del día. Prometimos volver a hacer lo mismo al otro día. Y, en efecto, al otro día volvió a la misma hora y volvimos a repetir las hazañas sexuales del día anterior. Pero ese segundo día fue mucho más importante porque él me confesó una cosa que en realidad es el motivo de este relato: el día anterior, en el restaurante, yo me había comido la leche de todos: de los dos cocineros, del mozo y del cajero, y me la había tragado, extasiada, y sin saberlo, en las comidas y bebidas que había consumido. Esto parece increíble, pero esperen que les cuente cómo lo hicieron estos cuatro muchachos. Y la idea inicial fue de Genio. Me dijo Genio que cuando me vieron entrar en el restaurante, los cuatro levantaron las antenas, como hacen siempre que ven una chica que ellos consideran muy linda. Cuando me senté cerca de la ventanita que separa la cocina del salón del restaurante, me empezaron a mirar con deseos. Y cuando pedí el bife, el cocinero encargado de hacerlo (es decir, Genio) me miró con más insistencia. Cuando yo lo noté, y para provocarlo me desabroché un botón de la camisa, y él pudo mirar el nacimiento de mis pechos, y me dijo que algo más que el nacimiento, porque me moví para que me viera bastante, entonces se desesperó y sacó la pija del pantalón. Por supuesto, la tenía bien parada y anhelante: entonces tomó el bife, se envolvió la pija con el bife y se hizo la paja con bife y todo, así que la leche le saltó entre medio de la carne, y el bife se llenó de la leche de su pija. Entonces lo puso en la plancha, lo asó con el mismo jugo de la leche, y al final se sacudió un poco más la pija y le echó las últimas gotas en el bife ya hecho. Lo puso en el plato, y el mozo, Basti, me lo sirvió. Claro que todos estaban enterados, y yo fui el hazmerreír de los cuatro: Genio me vigilaba cada bocado que yo me llevaba a la boca, y era como si con cada uno de ellos él me estuviera acabando de nuevo en mi boca. Cuando pedí los fideos con crema, el segundo cocinero, Lito, dijo que esa vez la leche iba a ser de él. Me cocinó los fideos, los sirvió en el plato y se hizo la paja por encima, y desparramó su leche sobre los fideos; arriba de la leche le tiró la crema, y Basti me sirvió tan delicioso plato. Por eso era Lito el que me miraba por la ventanita, y esta vez era él el que se deleitaba con cada bocado mío. Cuando pedí flan con crema, la cosa fue más fácil. Esa vez la leche fue del mozo, Basti (Sebastián). Lo que hizo Basti fue ir a la cocina, hacerse la paja y tirar la leche en la fuente donde ya estaba hecha la crema chantilly. Mezcló apenas, y me llenó el platito de esa crema con leche de pija (me contaron después que algo de la leche quedó en la fuente de la crema, así que alguna otra clienta habrá compartido también la leche de nuestro mozo). Y en el café fue el cajero, Antonio, el que se mandó una eyaculación hermosa. Pero parece que el sabor del café es tan fuerte que tapó completamente el gusto de la leche de Antonio. Cuando Genio me contó todo esto, no lo podía creer. Y le dije que si todo eso era verdad, al otro día se viniera con los otros tres, a mi departamento, y que me dijeran todos lo que había sido esa orgía de las comidas con semen de los cuatro. Esa noche Genio me habló por teléfono al celular, y me dijo que me preparara, que al otro día, siempre a las 3 y media de la tarde, se me aparecerían los cuatro por el departamento. Y así fue. Llegó el momento, y yo como siempre esperé la visita, desnudita en mi departamento. Tocaron el timbre y fui a abrir, desnuda. Y los recibí así, de modo que todos menos Genio se quedaron asombrados, con la boca abierta, porque (me dijeron después) les parecí mucho más linda que cuando me habían visto en el restaurante. Se desnudaron en seguida, y los cinco fuimos a mi pieza. Yo me tendí en la cama, boca abajo, y uno de ellos, Lito, el otro cocinerito, me metió la pija en el culo, despacito y con vaselina (que siempre tengo en la mesa de luz). Después giramos y yo quedé boca arriba, con la pija de Lito metida profundamente. Y mi concha quedó hacia arriba, y entonces vino Basti a ocuparla. Mientras tanto, Antonio se puso a mi lado y me metió su pija en la boca, y se la chupé con ansias. Al lado de la cama, Genio se deleitaba mirando mientras se pajeaba su hermosa pija, y se pajeaba con mi mano apretada dentro de la suya. Se puede decir que los cuatro acabaron al mismo tiempo. Y me llené de leche el culo, la concha, la boca y las manos, y chupé mis manos y le chupé la pija a Genio mientras los demás se iban al baño a higienizarse. Esto nos gustó tanto que desde hace más de seis meses los cuatro muchachos vienen una vez por semana a mi departamento, y repetimos la orgía. Me contaron sus edades, y son sensacionales: Genio tiene 24 años, Lito 23, Basti 25 y Antonio 27. Tienen una potencia envidiable, y sus leches son sabrosísimas. Como variante, una vez por mes nos reunimos a comer juntos, en mi departamento. Ellos me preparan a mí platos con leche de todos ellos, y yo les preparo a ellos comidas con mis jugos vaginales. Y algunos postres los coloco suavemente sobre mi piel, y ellos me lamen todo el cuerpo, especialmente mis tetas y mi vientre y por supuesto mi conchita, que dejan limpitos de dulce de leche, o de mermelada, o de crema chantilly. No he vuelto a comer en el restaurante de los chicos. Pero en ese restaurante encontré la mejor de mis amistades y mi compañía sexual más placentera. ¡Y sabrosa! Romina Gavea Malfi

nenitachupchup@hotmail.com
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(*) Tomé este otro relato corto de:http://www.relatoscortos.com/
existen webs, donde el único fin es el de no reprimirte y puedes escribir lo que putas sea. En estos tiempos virtuales de marcada influencia Googlera, ya nadie puede quejarse de no tener un amigo ¡al menos virtual! junto a chismes y sin-cuenta mil web-hadas mas que se encuentra en la red. Personalmente me reservo el derecho de mi opinion sobre este relato por considerarlo demasiado claro. Si leén entre lineas o como les de la gana de lo poco o mucho que publiqué hasta el momento.

M. Ritz

¡El semen de tu comida! (*)


Sí, leíste bien. En plena crisis, surge una opción para conseguir, en pocos minutos, ingredientes gratis. El genio detrás de la idea acaba de sacar un libro con recetas.

“Natural Harvest - a Collection of Semen Based Recipes” se llama el libro escrito por Paul “Fotie” Photenhauer, en el que en 61 páginas entrega varias recetas ilustradas de cocina donde el ingrediente principal es el semen. Cuesta 24.95 dólares y lo puedes comprar en Lulu.com.

Vender un libro de cocina a base de semen es difícil y eso lo tenía bien claro el autor a la hora de escribir, por lo que da algunos fundamentos para explicar por qué es bueno usar este natural ingrediente.

“El esperma no sólo es nutritivo, sino que también tiene una textura maravillosa y sorprendentes propiedades de cocina. Como el buen vino y los quesos finos, el sabor del semen es complejo y dinámico. El semen es barato de producir y está disponible en muchos, si no la mayoría, de los hogares y restaurantes”, dice Fotie.

Pese a esa casi convincente explicación, es posible que ni el mismísimo Anthony Bourdain, el chef trotamundo de Travel & Living Channel, se atreva a probar un plato a base de semen.

En caso de que te atrevas a probar un plato de estos, hay que tener ciertas consideraciones antes de usar semen en alguna receta, por ejemplo, que cambia su sabor según lo que la persona que lo “produce” haya comido, por lo que si quieres hacer algo dulce, debes evitar consumir alimentos como el ajo.

Prepara un “Casi Ruso Blanco”

- 1/4 de taza de Vodka
- 1/8 de taza de licor de café
- 1 cucharada de semen
- Crema o leche
- Cubos de hielo

Hecha el vodka y el licor de café en un vaso lleno de hielo. Vierte el semen y la crema o leche para que flote en la superficie y remueve lentamente.

(*)
Así nomás es el primer mundo, tan sutil y envidiable. Tomé este artículo al azar de Google. Y al parecer los Cheffs y Barmen mas renombrados utilizan el semen como un ingrediente que reemplaza ya a cualquier cherri o decorado frutal. ¿Donde estan las Barwomen, se quedaran atras? ¿O tambien compartiran sus fluidos con nosotros?

M. Ritz

lunes, 23 de agosto de 2010

Matria querida











" En todo cambio hay algo infame
y agradable al mismo tiempo,
algo que se asemeja al adulterio
y al traslado de domicilio.
Esto basta para explicar la
revolucion francesa"
(Mon coeur mis ánu)

'Charles Baudelaire'


De esta mi adversidad
a sentirme ido y sin hado
un boliviano no propicio.

Coronando anhelos de
ensueño...

Votando a perdedor
¡boliviano de helado prepucio!
de la patria ningun alto hombre
que en glorioso esplendor
lloremos...

Entronado y escupido en el
sueño de los sin sueño
¡no más lamentos bolivianos!

Aquí alzó la inmundicia, su trono
que la vil depresión reconoce,
y, en su timbre sumiso, legóse
Libertad, libertad, libertad

¡se óye!

en ningun lado
ninguna patria
ninguna matria
ninguna nada

¡náda!

¡Morir antes que esclavos vivir!


E.

el desaliento

¡El futuro ya pasó! no porque le temas a la larga noche, dios va existir, ¡no! no se trata de eso ¡olvídalo! comprender un sentimiento... cuando se ha hecho tarde para salvarte es sencillamente algo estúpido. has entendido que núnca te encontrarás. lo que ahora no sabes es... como perder el deseo de buscarte. ningúna sombra. alguna luz. ¡la esperanza fracasó!. tu aspecto denigra al que eres. la forma te condena.




By:
M. Ritz


Fotografia:

"Parias urbanos"

Por: Luis F. Figueredo M.

lunes, 7 de junio de 2010

Solamente




A Carla Pamela.
Mayo 3 del 2.010
Noviembre 28 del 2010

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solo se escribe para no morir
lentamente
para no jalar del gatillo ¡de una!
para no hundirse inciértamente
en éste ir y devenir del vivir
¿que es morir?
para no creer que el vértigo
en verdad es un impulso
¡a lanzarse!
no existe forma alguna
de aprehender algo
definitivo
¡nó!
miéntras este carrusel

aquazulado siga insuflándonos
los mismos desvaríos
¡del pristino y último yo!
anestesiados todos
inflamando gastados vicios
gustando de enfermos vacios
¡viajando sin tiempo!
para encontrarnos
¡perdídamente ubicados!
en la más oscura de las noches
con el trazo de tu cuerpo embriagado
a las sinuosidades de tus sábanas
¡beodo el escribano de extraño trástulo
conjura su arte!
derrotado al escarnio
de sus sueños mojados
y la concupiscencia manoseándole
sucúbica noche de infámes íncubos
¡bailando frenéticamente!
sola-mente-sola
solo soliloqueas sóla
sólo soliloqueo solo
solamente...digamos
todo llega cuando debe llegar
¡todo se dá!
con cada coma en su punto
y a veces ya nada seda
y que adentro como
afuera, metiendo y sacando
arriba o abajo al centro y su adentro
tampoco quieren decir la gran cosa
¡cuando ya no se sabe donde se está!
como la carta de amor de un preso
¡así estoy yo sin ti!
como la afasia in-evitable
que el poeta presiente
¡apenas un vago gesto en el rostro!
y ¡buúrn!
¡autocombustion espontánea!
¡fuego!
ya llegará mi hora...
¡nuestra hora!


M. Ritz

sábado, 20 de febrero de 2010

El dolor como Victor Hugo Viscarra (*)

"... al fondo de un callejón, con la tenue luz de una luminaria, observo a un individuo que apenas puede ponerse de pie, me acerco a él disfrazando el miedo con la compasión. En efecto creo reconocerlo, es Víctor Hugo, el escritor bohemio que circunda siempre estas calles que las tiene por residencia. Años atrás, cuando trabajaba en el canal universitario, le había entrevistado sobre los libros o crónicas que había escrito en la soledad de esta ciudad oscura, entre alcohólicos, prostitutas y mendigos de la noche. Se acerca a mí embebido en su tufo que ya lleva con él varios días, No eres tú acaso el periodista que me entrevistó en el canal universitario, pregunta. Lo observo y asiento con la mirada la confirmación de esa pregunta, Bueno y que haces por aquí, dice, éste no es tu sitio, Salí a caminar y mi andar me trajo por estos lugares, Sabes, dice, hace treinta y cuatro años yo también salí a caminar y nunca más regresé a mi casa, por ese entonces la ciudad era tranquila y la noche propicia para dormir a la intemperie. Ahora es casi imposible, a cada paso está el peligro que te observa desde las sombras y te quita lo único valioso que posees, tu vida. Había empezado a brotar un frío helado que corroía los huesos hasta hacerlos tiritar. De pronto sentí una mano que se enlazaba a mi brazo derecho sin pedir permiso, Vamos, me dijo, te invito un trago en la Sabasta, allí por lo menos calmaremos el frío y me contarás sobre esos pensamientos que te trajeron hasta aquí. Caminamos juntos por la acera quebradiza y llena de baches bajo la densa penumbra que invadía aquellas calles sucias y malolientes. La Sabasta es un local viejo, con paredes manchadas y cuatro mesas a punto de romperse, con sillas de tapices rotos y un mostrador de madera que ofrece a sus clientes un tipo de licor, quizás el más barato de la ciudad y por qué no decirlo del mundo entero. Entramos y el humo del cigarrillo se prende a mi chaqueta. Cuando observo el lugar de refilón, sólo una de las mesas está ocupada por una pareja de hombres y una mujer gorda con la cara hinchada y los ojos llorosos. Vamos hasta el fondo del lugar, nos sentamos y de la nada aparece otra mujer de carnes aguadas, con una cicatriz enorme torcida, oblicua que crece queloidalmente en su pómulo derecho y de la boca se asoma una sonrisa careada como estropeada. Saludó con las atenciones del caso, Por fin te dejas ver, le dice a Víctor Hugo, y por lo visto vienes muy bien acompañado, mira mujer, mejor tráeme lo de siempre y no molestes al joven, él no es para ti. La mujer da media vuelta y se va contoneando las caderas, quién es, pregunto, se llama Matilde y es la dueña de este antro, el tajo en la cara, no es gratuito, lo hizo Renato uno de los muchos hombres que vivieron con ella y la dejaron marcada para siempre. Sufrió demasiado la pobre, con decirte que a los seis años fue violada por su tío y luego por los amigos de su tío. El ambiente se opaca más por el llanto agudo que proviene de la mesa adjunta, es la gorda que no para de llorar mientras los dos hombres la observan en silencio. Matilde trae una jarra de licor con tres vasos de plástico, los deposita en nuestra mesa y después dice, son cinco pesos, no tengas cuidado mujer, que aquí el joven paga lo que consumamos, si es así, está bien, porque a ti ya no te fío más. La mujer se sirve un vaso y lo bebe sin respirar pero no se queda y decide volver al mostrador, bien, dice Víctor Hugo, por tu cara y por tus años sólo puede tratarse de un mal, es una mujer verdad, por qué está tan seguro, pregunto, porque el mal de amores es siempre visible y más aun en la cara de un joven como tú, La verdad es que yo no puedo entenderla, por más que trato de hacerlo me es imposible siquiera comprender sus actitudes. Mira muchacho, en cuestión de faldas no necesitas comprender las actitudes ni mucho menos las razones por las cuales, van basándose las mujeres. Es mejor dejar pasar el tiempo que lo cura todo y hacer que éste se lleve las penas como también los celos, siento un gran amor hacia ella pero este amor es confuso tanto que se pierde entre las peleas constantes. No tengo dudas de ello. Yo por ejemplo me enamoré muchas veces y muchas más fui traicionado. Comprendí entonces que no estaba hecho para el amor ni para la familia, pero si para el deseo y el sexo en todas sus formas. Así el dolor se fue confundiendo con la necesidad de satisfacer la carne, pero en tu caso, creo que las cosas son diferentes tanto que no me atrevo a darte un consejo, sólo escúcheme y eso bastará, bien, somos todo oídos, Fabiana, ese es su nombre, posee una dualidad que ni ella misma puede definirla. Su personalidad siempre está a la par con sus hormonas y eso tiene consecuencias negativas a la hora de sacar las conclusiones en este amor extraño. Muchas veces pensé que con el tiempo las cosas se compondrían y la estabilidad daría paso a la costumbre pero una costumbre que llene los espacios y refresque esta unión de aquí en adelante. Víctor Hugo, me observaba tratando de guardar en la memoria las palabras que de mis labios surgían, después añadí, en estos momentos desearía hablarle y decirle que ambos, no importa cómo, cedamos a las exigencias del otro, escríbele una carta, cuando teníamos estos conflictos siempre lo hacía y le mandaba muchos mensajes a su correo electrónico, dije, pero ahora no tengo cabeza para hacerlo, hazlo una vez más, pero por dónde empiezo, empieza por el principio, eso siempre ayuda, dijo Víctor Hugo, Podría escribirla usted, le pregunté, no lo creo, cómo escribir una carta que contenga un asunto que yo desconozco por completo tanto como el idioma alemán, bueno, creo que es incorrecto que usted lo haga. Disculpe, a veces no sé lo que digo, pero de lo que sí estoy seguro es que escribirle no será nada simple, La vida, amigo mío, no es nada simple, cuanto más lo parece, más hay que dudar sobre ello. Ahora ve a tu casa y deja el dolor para gente como yo. Salí con el cuerpo laso del lugar y el espíritu distraído en contradicciones que aumentaron más mis dudas; dividido entre la sumisión de hacer la carta con palabras fáciles y el sentido común vuelto contra mi diciéndome a lo loco que ni eso servirá para estar otra vez con Fabiana. "

(*) Gracias querido Juan Carlos, por compartir este escrito, que repercute en mi vida. Un abrazo fuerte viejo.

Juan Carlos Flores Escobar es un escritor que tiene ya en su haber dos novelas y un libro de cuentos editado en Bolivia, su país de origen. Actualmente viene escribiendo su tercera novela: En esta esquina del tiempo. El presente fragmento le pertenece a su novela: "Evo en el paraiso".

lunes, 8 de febrero de 2010

Esperpéntica Esperma Anónima (E.E.A.)


Era tan viejo el anciano ocultista transmutador que en vez de tener espermatozoides tenia espermatosaurios.
----------------------------------------- El futbol mezcla la teoria del orgasmo con el aburrimiento de las fornicaciones domésticas. Como carta bajo la manga ¡revienta tu popular esperma! ---------------------------------------- Contrariando toda lógica todavia mi compasión y extrema brutalidad pueden convivir juntos, ahora mismo que lées esto y no sospechas que escondido te acecho atento. By: M. Ritz

lunes, 25 de enero de 2010

Semen de Alcol






Desnudo contemplo por el ojo de la cerradura el misterio sacro de tus agrietados huesos embebido de oscuros dolores, busco la paz de tus ensueños, trago a trago diseño la medida de un desvarío en cicatrices anónimas que adornan otra piel de máscara. comiendo 'hematomas al alcol' con 'riñoncitos a la paella' en 'los agachaditos' (1) de la Figueroa, La Ceja (2) o en las entrañas mismas de un re-torcido hígado. ¡satucos nocheriegos, (3) lustras ninja(4), abúlicos literatos, llo'qallas (5) conchudos (6), talivanes andinos putas reprimidas y algun ocacional promiscuinauta (7) ad honorem; embellecen las calles y callejas de la paz de las alturas. ¡un beat! ¡otro beat! y un: "ya no mas por favor, ya no me peguen" que se pierde en la nada de una ceja inflamada enfermiza piel de molleja, vago licor marginal. rostros in-expresivos in-ser in-humano the game is over! insert coin escupe la vagina a su vaginario mientras se abre, lentamente el cierre de una abnegada bragueta ¡una mas! ¡otra mas! ¡no mas! no more, no more baby! siete hematomas en la frente como escaleras al tercer ojo ¡sangre de semen de alcol! blasfema un ebrio anónimo ¡es la nada de todo! simplemente ¡no acierto a precisar tus embriagadoras sobriedades! cuando no se cree en nada todo se pinta accesible. ¡gracias a Dios! By: M. Ritz Notas: (1) Los agachaditos: Lugar popular en la calle Figueroa, (La Paz) donde varias mujeres venden comida en las aceras, en carpas como bar restaurantes callejeros. (2) La Ceja: Lugar céntrico de la Ciudad de El Alto. (3) Satuco (s) plural: Dícese del individuo dado a los placeres de la cocaína y de algunos tipejos adeptos al partido oficialista político de Bolivia. (4) Lustra (s) plural/ lustrabota, persona que lustra los zapatos en las calles. (5) Lloq'alla (s) plural: Palabra de origen Aymara, significa: muchacho o chico. (6) Conchudo (s) plural: Dado que su significado varia de país en país. Míre por favor el siguiente link: http://www.asihablamos.com/?word=conchudo (7) Promiscuinauta: Juego de palabras entre: astronauta y promíscuo.

CRUSH THE HOUR OF ANY CALENDAR, SINCE IT'S ONLY TIME'S BUREAUCRACY