Cualquier Pub del mundo!, ningún hombrezuelo, cualquier mujerzuela al amparo de una sala de despilfarro, y a altas horas de la madrugada, su cuerpo se había convertido en una coctelera, que mezclaba alcohol, cocaína y semen. Ajena totalmente a todo. Su belleza infantil acentuaba el sentimiento de compasión, que despertaba su tez pálida, su maquillaje corrido y sus labios desgastados, por los excesos. Perdida como solo ella, una mañuda corrida mas en la jungla de asfalto. Bajaba las escaleras, de la llamada zona VIP, reservada, a esas horas del alba, a esnifadores incontinentes y a adictos a relaciones vampíricas y sadomasoquistas; con las piernas vacilantes y exageradamente abiertas, buscando mantener el equilibrio, mientras sus medias satinadas se deslizaban por sus pantorrillas, mojadas en orín. Se agarraba a un enorme bolso de charol, que parecía llevarle a ella, mientras su mirada perdida la situaba, en un redefinido limbo. Negaba toda idea predeterminada sobre la belleza, detestaba que la llamen hermosa, aunque ella sabia que lo era. Se sentía perdida en la abstracción de la observación. Ese lugar en el que ni se sufre, ni se goza, y en el que uno se mantiene como un bobo eterno, por efecto de las drogas. Minutos antes, y después de incendiar la mente y la vagina de la niña, el pirómano, entrado en años, había abandonado el local, no sin antes recrearse, bajando la escalinata, con ese aire de torero triunfador, que realiza el paseíllo, erguido y receptivo al aplauso, después de culminar su faena. La había abandonado a su suerte, con esa mentalidad de usar y tirar, que algunos aplican a las personas, con orgullo y sin sombra de remordimiento.M. Ritz
(*)
De entradita me fascina la fotografia. La traducción del cartel de protesta de las hermosas féminas sería algo así como:
"labios que toquen licor no nos tocaran a nosotras"
¡Exelente!
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